El proceso creativo tiene el poder de transformar nuestras emociones, pensamientos e ideas.
martes, 20 de mayo de 2014
lunes, 2 de diciembre de 2013
PROCESO ARTETERAPEUTICO - 1) Dimensión comunicativa
Hammer (2008) decía que para analizar el dibujo, era
necesario considerar la estructura y el contenido de las imágenes plasmadas. El
análisis del contenido tendría que ver con las imágenes simbólicas utilizadas,
ya sean rostros, figuras, u otros elementos.
4.2.1
Contenido: Imágenes plásticas. Símbolos. El origen de la
palabra “imagen” proviene del latín “imago”, “imitari”, que implica
representar, retratar, remedar. El ser humano posee otras formas de expresión y
comunicación, además del lenguaje verbal, y estas son las imágenes y los
símbolos. Representan cosas reales o imaginadas, que toman cuerpo en dibujos,
pinturas, sueños, escritos, etc. (Arias y Vargas, 2003).
Los orígenes de la capacidad de crear
símbolos y metáforas están en las experiencias prelinguísticas, es decir, antes
de que se desarrolle la habilidad de manejar las palabras para relacionarse con
el entorno. Virshup (1980) afirma que la teoría de los hemisferios plantea que
las primeras experiencias de vida son codificadas en imágenes. El símbolo
remite a la representación de una realidad a través de otra, sería como una
representación indirecta. Piaget (1993) considera que “(..) recién a los 2 años
se observa una conducta que implicaría la evocación de un objeto ausente. (p.
58).
Para el psicoanálisis el símbolo es
un vehículo que transporta lo inconciente a lo conciente, mientras que para los
humanistas, comporta la posibilidad de dirigirse hacia una integración de las
diversas facetas del ser humano, donde el cuerpo también es esencial a la hora
de crear un objeto. (Arias y Vargas, 2003).
Hegel (1967, citado en Loschi, 1979)
señala que:
El símbolo es, pues, un contenedor
que expresa una realidad contenida en él. Es un vaso que puede contener muchas cosas
convirtiéndose en símbolo de diversas realidades, en una relación que puede ser
del todo arbitraria y subjetiva. El símbolo, por lo tanto, es una expresión en
extremo extensiva y comprende toda representación que se sirve de signos [...] es
a menudo polivalente, hasta puede tener significados opuestos (piénsese, por
ejemplo, en la serpiente, que puede ser tanto símbolo de vida como de muerte).
Por eso el significado de los símbolos puede ser establecido con seguridad solamente
en el contexto, es decir, dentro de una estructura. (p. 344-345)
Andreoli Villar (1992) recomienda desconfiar del uso indiscriminado de
diccionarios de símbolos porque cada individuo puede tener un vocabulario
propio, aunque sea con elementos comunes (que no obstante siempre son
descubiertos a posteriori) sobre
todo en la interpretación y estudio de una producción arteterapéutica.
Dalley
(1987) se pregunta “¿Por qué no se acepta con mayor amplitud, el hecho de que la
actividad artística es beneficiosa? (..) En nuestra sociedad se concede un
valor muy alto a la comunicación verbal. El valor de la comunicación a través
de imágenes y de los símbolos, aunque suele aceptarse, es considerado como más
obscuro. La ambigüedad del arte en general lo coloca al margen, separado de la
corriente principal de la comunicación, ya que las personas no confían
demasiado en entender su significado o mensaje.” (p.17). Araya, Correa y
Sanchez (1990) coinciden con Dalley (1987) y plantean que el lenguaje verbal ha
adquirido un estatus exagerado en psicoterapia.
Tanto
Hammer (2008) como Fiorini (1998) consideran que el lenguaje tiene un carácter
multidimensional. Todo dibujo, síntoma, fantasía o acto tiene una historia de
la cual surgieron. Esa historia es un campo de vectores organizado y dinámico. Y
agrega Fiorini (1998), en relación a la tópica del proceso terciario,
que el dibujo o símbolo poseen una estratificación o sobredeterminación de factores
psicodinámicos nucleares. Esta nuclearidad surge como resultado del concepto de
imagen corporal.
En
la formación y proyección de las imágenes están presentes lo propio y lo
adquirido, lo hereditario, la época, el momento, el pasado y el futuro, pero de
una manera muy peculiar, como si estando en el sujeto o pasando por él,
hubieran sido absorbidos y transformados según un criterio desconocido,
obedeciendo quizá necesidades
personales. Las imágenes son el
resultado de una compleja tarea que realiza todo el ser por medio de sus cinco
sentidos: se apropia de los objetos para injertarlos dentro de su ser conciente
y de su inconciente, hasta que forman parte de sí. (Spinnato, 1969).
A
medida que la imagen adquiere un sentido y un significado compartido por el
grupo, se va transformando en signo y posteriormente, en palabra. Sin embargo,
como señala Langer (1966) “en nuestro
mundo espacio-temporal hay cosas que no se acomodan al esquema gramatical de
expresión, debido a que una idea que contenga demasiadas partes no puede
proyectarse en forma discursiva sino presentativa”. (p.30).
A
través de la representación plástica, la conciencia capta la sincronicidad y la
conexión de hechos que ocurren en lugares o tiempos separados; podríamos decir
que es un símbolo del tiempo. “Un modo poderoso que el hombre tiene de capturar
el tiempo y hacerlo durar a través del esfuerzo artístico”. (Merloo,1954, citado
en Loschi, 1979. p.12).
Ontogenia de la imagen
simbólica
A lo largo de la evolución filogenética,
el hombre ha especializado sus órganos sensoriales, pudiendo llegar a
interpretar los datos de la realidad y de sí mismo, plasmándolos en imágenes.
Esas imágenes son el producto de la interacción entre el hombre y el mundo
externo. (Loschi, 1979).
La imagen estaría formada por la
conjunción de dos tipos básicos de elementos: los proporcionados por la
percepción propioceptiva kinéstésica (sensibilidad de los propios movimientos)
y los provenientes de la exterocepción (como el tacto, el oído, la vista, el
gusto y el olfato.) Sensación, imagen y
palabra, aparecen simultáneamente en toda relación con el mundo externo,
constituyendo un conjunto representativo de la realidad. La facultad de
simbolizar proviene de esta capacidad de ligar, cuerpo, emoción y sensación a
los objetos percibidos visualmente. (Loschi, 1979).
La ontogenia de la imagen ha provocado
serias polémicas entre sus investigadores, en lo referente al momento en el
cual aparecen: mientras algunos sostienen que se encuentran en cierto modo
incluidas en la herencia, otros aseveran que recién se producen en los primeros
años de vida, variando en este último grupo las fechas asignadas al origen de las
mismas. (Loschi, 1979).
Spitz (1955) y Piaget (1993) plantean el
siguiente desarrollo evolutivo del proceso de simbolización:
|
SPITZ
|
PIAGET
|
|
-
Estadio
preobjetal: 0 a 3 meses
Durante
este período hay una total indiscriminación perceptiva. Sería una etapa
receptiva. El mundo es percibido como parte del propio yo, fusión que se
explica por el predominio de los receptores de contacto y escasez de
elementos visuales y auditivos resultante del limitado desarrollo de los
órganos y vías correspondientes.
Hacia
el segundo mes, el lactante percibe visualmente la aproximación del ser
humano. El rostro en sí, es el estímulo visual que más
frecuentemente verá el niño durante los primeros años de vida. Será el
primero que se establezca como señal en la memoria.
|
Período sensomotor: 0 a 2 años. Dividido en 6 estadios.
Aspectos afectivos de las
reacciones sensomotoras:
1) Adualismo inicial: Abarca
estadio I, y II.
No
existe conciencia de yo, no hay fronteras entre el mundo interior o vivido y
la realidad exterior.
I. Ejercicios reflejos: 1°mes
II.Primeros hábitos y reacciones
circulares: 1 a 4 meses
|
|
Segundo estadio: Objeto
precursor: 2 al 6 o 7 mes.
La
maduración somática y el desarrollo psíquico han progresado lo suficiente
para permitirle efectuar la activación de sus medios físicos al servicio de
sus experiencias, en forma de respuestas psíquicas. En esta fase responderá con una sonrisa al
ver un rostro humano. De esta comprobación y experimentación, surgirá la
discriminación entre mundo externo y mundo interno.
|
2) Reacciones intermedias: Abarca
estadio III y IV.
Se
multiplican las satisfacciones psicológicas que se añaden a las
satisfacciones orgánicas.
Se
observan nuevos estados frente a lo desconocido, y mayor o menor tolerancia
al stress. Aparecen conductas de modulación
de las excitaciones, la posibilidad de diferir las reacciones, etc.
El
lenguaje con los otros pasa a ser la imaginación de lo gestual, el balbuceo,
etc.
III. Reacciones circulares
secundarias : 4° a 8° ó 9° mes
IV. Coordinación de esquemas de
conductas adquiridas y su aplicación a situaciones
nuevas: 8° a 12 meses.
|
|
Tercer estadio: Objeto
propiamente dicho. Del 8° mes al 10°
mes.
Se
producen reacciones de angustia en ausencia de la madre, pues el objeto
libidinal (madre) está constituido e identificado. Hay un intercambio
comunicativo mas intenso con el objeto libidinal.
|
3) Las relaciones objetales: Abarca
estadio V y VI.
Se
produce la elección de objeto afectivo.
Porque
hay permanencia de objeto
V. Reacciones circulares
terciarias: 12 a 18 meses
VI. Iniciación de la
interiorización de los esquemas: 18 a 24 meses
|
Consideramos que la imagen plástica
expresaría, a través del tipo de relación que presente entre sus dos elementos
básicos (percepción propioceptiva kinéstésica y
exterocepción), el punto en el
cual el proceso de simbolización ha quedado detenido, y el tipo de conexión
establecido entre el adentro y el afuera. (Loschi, 1979). Doltó (2007) considera que:
Esta imagen es una síntesis viviente
en todo momento actual, de nuestras experiencias emocionales repetidamente
vividas a través de las sensaciones erógenas electivas, arcaicas o actuales de
nuestro cuerpo y cuya emoción evocadora actual orienta la elección inconsciente
de las asociaciones emocionales subyacentes que permite dejar aflojar” (p.59)
4.2.2
Contenido: Imágenes plásticas y símbolos
en la psicosis. Si relacionamos el
desarrollo evolutivo del proceso de simbolización, planteado por Spitz (1955) y
Piaget (1993), podríamos decir que la dificultad que se presenta en los pacientes con psicosis, en lo
referente a su capacidad simbólica, estaría situada en el tránsito deficitario
de los estadios preobjetal a objeto precursor, en Spitz (1955), o de adualismo
inicial a reacciones intermedias en Piaget (1993). Asimismo, tanto Freud (1914/2006) como
Winnicott (1993) dan cuenta de esta dificultad, el primero con la constitución
del narcisismo secundario y el segundo con el concepto de falso self, del que
hablamos en el capítulo 3.
Si
la capacidad simbólica aparece en los primeros años de vida, cuando surgen
conductas que evocan el objeto ausente, mediante la representación en el juego,
o el dibujo, nos preguntamos, ¿Qué pasa cuando no hubo inscripción de objeto?, ¿Qué se evoca en las imágenes?. Para que el
objeto pueda estar ausente, primero tuvo que estar presente. ¿Podríamos pensar que lo que se evoca en las
imágenes es inherente a la expresión del falso self?
De
los Rios Moller (2008) considera que “Como en un intento de reparación o de
búsqueda de la historia personal del sujeto(…) puede ser la fuente para
identificar esas imágenes internalizadas”.
(p. 27-28)
Por su parte, Loschi (1979) afirma que
la escisión entre los componentes extero e interoceptivos de la representación
plástica traerá aparejada consecuencias cuya gravedad dependerá del grado de
disociación de los mismos. También Wallon
(1965, citado en Loschi, 1979) nos habla de esto, y señala que, en las
alucinaciones visuales, las imágenes, disociadas de sus contenidos corporales,
“danzan” frente al paciente. Esto
hablaría de la desunión que es reflejo de la fusión del paciente con el mundo
externo.
Esta
falta de límites entre su yo y su entorno se trasladará a la dificultad para
distinguir entre figura y fondo, desarticulación que se arrastrará a confundir
el predicado con el sujeto. Si el vínculo cenestésico ha sido dañado al extremo de no permitir la
elaboración adecuada de la representación plástica de la madre, la duda acerca
de la eficacia de la misma daría origen a que todo tipo de imagen fuera copiada
con todo detalle, fiel, exacta y rígidamente, lo que dará como resultado una
representación siempre idéntica a sí misma, cerrada, de límites muy netos y muy
escasas posibilidades de enriquecerse por la falta de movilidad y capacidad de
combinación y crecimiento en base al aporte de nuevas imágenes. (Loschi, 1979) (Viñeta
II).
Sin embargo, la repetición podríamos
verla como un intento de elaboración, equiparable a los juegos infantiles. En
cada repetición se va enriqueciendo progresivamente la imagen con
circunstancias, y sentimientos diferentes.
Lo evocado por la imagen representa, es decir, intentaría volver a hacer
presente el pasado. Esto nos permite entender la importancia de poder
decodificar y plasmar dichas imágenes. (Loschi, 1979) (Viñeta II).
La expresión habitual en la
psicosis, es en sí misma metafórica. En el lenguaje psicótico: el sueño, las
palabras, y los objetos son a menudo intercambiables; las asociaciones sonoras
reemplazan a las asociaciones de objetos, es decir, el doble significado de las
palabras es empleado como el doble significado de las formas en los dibujos. (Bobon,
1962 y Reyes, 2007).
Los dibujos constituyen
sorprendentes ejemplos del pensamiento y del sentimiento en la psicosis. El
empleo de la parte por el todo, en términos de personas y objetos, la excesiva
fragmentación de las imágenes así como la elaborada denominación de los
dibujos, son medios de expresión muy típicos en las producciones de los
pacientes con psicosis (Naumburg, 1955, citado en Hammer, 2008).
Melgar
(2000, citado en de los Ríos Moller, 2008) afirman que, en los primeros cuadros
realizados por un paciente con psicosis, se descubre un universo fracturado y
angustiante donde “deambulan, en el vacío, objetos, partes del cuerpo, fantasmas
perdidos en el espacio, o demonios peligrosos, sin piso ni sostén. Hay un
esfuerzo por contener el caos (…) lo que se dispersó en el tiempo y el espacio.
(p.44). (Viñeta III)
De
los Rios Moller (2008) y Polo Dowmat
(2003) coinciden en que los pacientes con psicosis tienden a llenar todos los
espacios de la hoja para poder calmar la angustia. Sería una reacción al
llamado “horror vacui”, horror al vacío. Al contemplar la página llena, adviene
un sentimiento de calma, pero de una cierta extrañeza. El “horror vacui” irá
progresando a lo largo de las tareas plásticas, el paciente podrá ir dominando
el espacio de la hoja, pudiendo dinamizar y compensar la actividad
artística. La evolución del trazo daría
cuenta del proceso interior de cambio.
Debido al pensamiento mágico, propio
de la psicosis, es habitual encontrar imágenes en los dibujos en alusión a esta
forma de percibir la realidad. (Viñeta IV)
domingo, 1 de septiembre de 2013
2.3
Enfoque humanístico
El
arte terapia con orientación
humanista concibe al individuo desde una visión holística. En este enfoque
encontramos la orientación guestáltica y la orientación centrada
en la persona. En ambas podemos decir, que los ejes de trabajo, son la atención
en las emociones y en el lenguaje no verbal. Dan importancia a la experiencia
sensorial del cuerpo (gestos y expresiones).
También a la puesta en marcha de aspectos saludables del ser humano,
considerando el potencial innato. Consideran a la obra artística creada como
mediadora en la relación entre terapeuta y paciente, y sumergirse en ella es
encontrar en sus formas y sentidos un todo, lo que posibilita destrabar la
energía bloqueada que se encuentra en las guesltalten inacabadas. La producción
de arte se entiende cómo una forma de autoconocimiento, tendiente al proceso
homeostático. ( Arias y Vargas, 2003)
“La psicología transpersonal se interesa por la expansión del
campo de la investigación psicológica hasta incluir el estudio de los estados
de salud y bienestar psicológicos de nivel óptimo. Reconoce la potencialidad de experimentar una
amplia gama de estados de conciencia, en algunos de los cuales la identidad
puede ir más allá de los límites habituales del ego y de la personalidad.
(Castellano, 1982)
En los
últimos años, desde el ámbito de la salud, se está concibiendo al ser humano
como un ser biológico, psicológico, social y espiritual. Muestra de ello es la definición que ofrece la
OMS (2010) acerca del concepto “espiritual”: “Espiritual se refiere a aquellos
aspectos de la vida humana que tienen que ver con experiencias que transcienden
los fenómenos sensoriales. No es lo mismo que religioso, aunque para muchas personas
la dimensión espiritual de sus vidas incluye un componente religioso. El aspecto espiritual de la vida humana puede
ser visto como un componente integrado junto con los componentes físicos, psicológicos
y sociales. A menudo se percibe como
vinculado con el significado y el propósito.
Obviamente, la dimensión espiritual o transcendente de la persona, es
innata, universal e intrínseca a ella misma.
2.4
Enfoque cognitivo-conductual.
Por
último, mencionaremos el arte terapia cognitivo-conductual que se ha
desarrollado en los últimos treinta años y se basa en la importancia que tiene
la percepción en los procesos cognitivos. Destacan la importancia de que cada
individuo tiene una serie de herramientas para asumir lo que le rodea, de modo
que ordena sus percepciones e hipótesis teniendo esto en cuenta. Realizar trabajos de arte ofrece la
oportunidad de expresar ideas no verbales que son parte del sistema de
construcción personal de un individuo. Este enfoque no es muy popular entre los
profesionales de arte terapia, debido al énfasis que pone en el pensamiento y
los procesos cognitivos, cuando el resto de las tendencias se basan sobre todo
en las emociones. (Arias, Vargas 2003)
A
través de distintas técnicas se pretende aumentar el control de las emociones
internas, identificar el nivel de explosividad, disminuir la ansiedad ante
determinadas emociones y disminuir las estrategias de evasión, etc. Se consigue
guiando la imaginación hacia las experiencias sensoriales que se despiertan en
el contacto con los materiales, provocando un gran autocontrol mediante la
externalización plástica de las emociones.
2.5
Enfoque ecléctico.
Gran
cantidad de arte terapeutas aunque establezcan una vinculación con una metodología
o escuela determinada, han introducido conceptos de diversas disciplinas con la
finalidad de ajustar su tarea a las necesidades de los pacientes. El presente
trabajo está centrado en este enfoque arterapéutico.
“No se trata de
renunciar a un punto de vista en favor de otro, que sería el único y absoluto,
sino de considerar la multiplicidad de posibles puntos de vista.”
( Derrida, 1986, p. 313)
domingo, 28 de abril de 2013
Enfoques en Arteterapia. 2. Enfoque jungiano
2.2
Enfoque junguiano
Jaffé (1984) dice que el
hombre tiende a crear símbolos, transformando objetos o formas, dotándolos de
gran importancia psicológica. Y expresándolos en su religión o en su arte
visual.
Jung (1984) trata de llegar a
comprender el proceso psíquico en permanente evolución, centrando la energía
libidinal en la expresión de las funciones psíquicas vitales. Ante la perdida
del equilibrio psíquico, propone la autoexploración de los aspectos personales
y transpersonales del ser, mediante el análisis del contenido simbólico del
inconciente personal y del inconciente colectivo.
El
arteterapia de orientación jungiana considera que lo importante es el proceso
de individuación mediante la expresión de imágenes visuales arquetípicas y el
análisis del proceso creativo y sus símbolos como manifestación del inconciente
colectivo, y del inconciente personal. Read (1982) considera que en la
expresión plástica, la persona refleja su disposición temperamental, y afirma
que existe un paralelismo entre temperamento y modos de expresión, con este
fin, relaciona las funciones psíquicas con los estilos estéticos, por ejemplo,
realismo: pensamiento, superrealismo: sentimiento, expresionismo: sensación y
constructivismo: intuición.
Desde
el punto de vista de la psicología analítica, el acceso directo al contenido
inconciente, tanto personal como colectivo, solo puede alcanzarse y
manifestarse por medio de las artes: pintura, escultura, poesía, danza, etc. Es
decir, que el lenguaje plástico-audiovisual es el medio idóneo para dar forma a
lo inexplicable. Jung (1984) utiliza la pintura para tratar de comprender los
sueños. Considera que el
azar puesto al servicio de la expresión creativa, conecta nuestro inconciente con
el universo entero, y en esta conexión encuentra su sanación.
El mandala es un términos sánscrito que significa círculo
sagrado. En las religiones orientales se ha empleado durante siglos como medio
de meditación visual. Suelen encontrarse en todas las culturas, desde la era
paleolítica, y han seguido apareciendo desde entonces. La figura cuadrada
concéntrica inspira desde lo estético equilibrio, organización, perfección y
coherencia. El centro del mandala es asociado al concepto de si-mismo. La creación
de mandalas aportaba a sus pacientes serenidad, estabilidad emocional. A través
de ellos, podía observar los cambios ocurridos en el paciente como elementos
compensatorios, especialmente en estados de desorientación o experiencias
traumáticas. (Jung, 1984)
Del
estado psicótico considera que es un
potencial entre la psique de todos los seres humanos y utiliza el concepto de
entropía de la termodinámica para explicar cómo la energía es transformada como
el resultado de diferencias de intensidad.
Esta puede ser tan grande que como resultado se provoque una
fragmentación que es difícil de curar. (Jung, 1984)
jueves, 18 de abril de 2013
ENFOQUES TEORICOS EN ARTETERAPIA - 1. Enfoque psicoanalítico
ENFOQUES
TEORICOS EN ARTETERAPIA
El
arte terapia se diferencia del resto de las psicoterapias porque introduce las
artes plásticas como medio para abordar la problemática de los pacientes. Esta
forma de tratamiento psicológico es relativamente nueva y aún se encuentra en
fase de desarrollo. Como en otras disciplinas no existe consenso sobre la forma
de aplicarla, pues depende de diversas corrientes. Estas a su vez, se basan en
un cuerpo teórico que se aplica a la forma en que se desarrolla la arteterapia.
Existe un abanico bastante amplio de arteterapias cuya orientación teórica
difiere de forma sutil o manifiesta.
(Arias y Vargas, 2003, Malchiodi, 1997)
Dalley (1987) considera que el arte
terapia se ha mostrado más afín en sus inicios a la psicología analítica de
Jung y al psicoanálisis freudiano, por el parecido entre las imágenes oníricas
y las obras plásticas. Sin embargo, el desarrollo de la psicología en el S.XX,
generó nuevas terapias que han conseguido integrarse a la terapia artística,
ampliando sus perspectivas. Polo Dowmat
(2003) dice que “El enfoque arte terapéutico podrá seguir una línea de trabajo
freudiana, lacaniana, jungiana, cognitiva, conductista, holística, entre otras,
pero todas trabajan con un factor común: la creatividad”. ( p.18)
1
Enfoque psicoanalítico
Decía
Freud en 1914, en una carta dirigida a Edoardo Weiss, el 12 de abril de 1933
(Freud, 2006) en referencia al Moisés de Miguel Angel:
Día tras día, durante tres solitarias
semanas de setiembre, de 1913, permanecí en la iglesia frente a la estatua,
estudiándola, midiéndola, y dibujándola, hasta que me alumbró esa comprensión
que expresé en mi ensayo, aunque solo osé hacerlo en forma anónima. Pasó mucho
tiempo antes de que legitimara a este hijo no analítico. (p.216)
El arteterapia de
orientación psicoanalítica, especialmente el enfoque freudiano, sostiene que
los objetivos principales son la posibilidad de proyectar en imágenes plásticas los contenidos
inconcientes reprimidos; haciendo, especial, hincapié en la analogía entre
sueño e imágenes visuales. Asimismo, la imagen visual favorece la comunicación
verbal, y la posibilidad de sublimar mediante la creatividad, fomentando
fenómenos transferenciales entre paciente, obra y arteterapeuta. (Dalley, 1987)
Freud
(1913/2006) en relación al arte, señala que
…. en el ejercicio del arte, (..) se
propone un apaciguamiento de deseos no tramitados. (..). Las fuerzas
pulsionales del arte son los mismos conflictos que empujan a la neurosis a
otros individuos y han motivado a la sociedad a edificar sus instituciones.
(..) No le resulta difícil al psicoanálisis pesquisar, junto a la parte
manifiesta del goce artístico, una parte latente, pero mucho más eficaz, que
proviene de las fuentes escondidas de la liberación de lo pulsional . (p.189-190)
Según
Naumberg (1955, citado en Hammer, 2008), la terapia artística de orientación
psicoanalítica pretende liberar el inconciente mediante imágenes espontáneas
proyectadas en expresiones gráficas y plásticas. Dichas imágenes se expresan
con más facilidad que las palabras, con lo cual favorece la comunicación
simbólica entre paciente y terapeuta. Por otro lado, la expresión espontánea
gráfica o plástica se libera en la relación transferencial y se maneja mediante
la libre asociación. Por su parte Dalley (1987) afirma: “La actividad artística
proporciona un medio concreto - no verbal- a través del cual una persona puede
lograr una expresión al mismo tiempo conciente e inconciente, y que puede
emplearse como valioso agente de cambio terapéutico”. (p. 15)
La técnica se basa en
que todos los individuos, estén o no entrenados artísticamente, poseen la
capacidad latente para proyectar sus conflictos internos bajo formas visuales.
A menudo, mediante el empleo de la expresión gráfica o plástica, aquellos que
están bloqueados en su expresión verbal comienzan a verbalizar con el fin de
explicar sus producciones artísticas. Entre las ventajas de las proyecciones
gráficas encontramos que, esas formas inconcientes pueden escapar con más
facilidad a la represión del censor que a las expresiones verbales, más
familiares para el paciente. También, que los dibujos poseen valor diagnóstico
y terapéutico. (Naumberg 1955, citado en Hammer, 2008)
“A
medida que los pacientes asocian en relación con el significado de sus producciones
artísticas, sus interpretaciones tienden a confirmar las interpretaciones
freudianas de los símbolos y a veces las jungiana”. (Naumberg, 1955, p. 315, citado
en Hammer 2008). En este sentido (1916/2006) asimila el arte a
los sueños, como punto de partida para una
posible interpretación, y se refiere a ello en los siguientes términos: “Parte
de la dificultad con que tropezamos para contar el sueño proviene de la
necesidad de traducir estas imágenes en palabras. “Podría dibujarlo – nos dice
a menudo el soñante- pero no sé como decirlo” (p. 81)
Spitz
(1953, citado en Hammer, 2008) considera que la producción artística espontánea
facilita la comprensión de sus contenidos profundamente reprimidos. También
colabora para disminuir las distorsiones en el material manifiesto presentado
por el paciente (sueños, fantasías, etc) ya que el registro en una obra,
permite enfrentar al paciente con el registro inmodificable que él mismo
realizó.
Otros autores, como
Kramer (1958, citado en Dalley, 1987) enfatizan el proceso de sublimación que
puede suceder en la realización de actividades artísticas como forma de dominar
las fuerzas yoicas de cada individuo.
Algunos mecanismos que
favorecen la creatividad (desplazamiento, condensación, sublimación) pueden actuar
porque en ciertos pacientes, cuando realizan una actividad artística, el
preconciente se hace más permeable (Guimon, 2008). Se considera que el arte es un proceso
espontáneo de creación de imágenes, libradas por el inconciente, que utiliza
los mecanismos de represión, proyección, identificación, sublimación y
condensación, que son fundamentales en el proceso terapéutico (Dalley, 1987).
Algunos autores,
consideran que el modelo psicoanalítico en arte terapia destaca la función del
arte como puente entre el principio del placer y principio de realidad de forma
que ambos operan simultáneamente. El arte consigue equilibrar los conflictos
que surgen entre ambos principios, pues permite la gratificación de los dos en
el acto de expresar los deseos socialmente prohibidos e inaceptables, es decir,
en un acto propio de sublimación. (Nucho, 2003, citado en Lopez Martinez, 2008)
Una de las diferencias
destacables entre el psicoanálisis y el arteterapia respecto a lo expuesto,
consiste en que el psicoanalista interpreta los contenidos simbólicos y el arte
terapeuta deja que sea el paciente quien descubra el significado de su obra. En
este contexto, debemos hablar de la transferencia donde ya no se trata de
paciente y terapeuta, sino de paciente, arte terapeuta, y obra. Obra como
mediadora del vínculo entre ambos, donde el paciente proyecta su forma
particular de expresar experiencias, sentimientos, o sensaciones vividas.
Los desarrollos de
Winnicott (1993) aportaron al arteterapia de orientación psicoanalítica, la
importancia de generar un espacio potencial, y un objeto transicional,
favoreciendo los vínculos de empatía y confianza mediante un setting adecuado.
El objetivo de fortalecer el verdadero self. Y el uso del juego como
herramienta de curación.
Winnicott (1953) señala que “El
jugar tiene un espacio y un tiempo. No se encuentra adentro, tampoco afuera.
Para dominar lo que está afuera es preciso hacer cosas, no solo pensar o
desear, y hacer cosas lleva tiempo. Jugar es hacer”.(p.64)
El arte terapia crea un entorno
estable en el que la persona puede encontrar una respuesta empática con el
objeto que realiza. Establecer este sistema relacional permite expresar no solo
los sentimientos sino que, también, permite construir junto al arteterapeuta un
espacio potencial para curar las heridas. (Boyer, 2000)
domingo, 3 de marzo de 2013
Acto creativo
El acto creativo sería
un intento de reparación o búsqueda de la historia personal del sujeto. Por lo
tanto, la importancia de la obra producida, puede ser la fuente para
identificar imágenes internalizadas.
Winnicott
(1971) considera las actividades del bebé en la
zona intermedia entre lo subjetivo y lo que se percibe en forma objetiva. Si
pensamos estos cinco puntos desde lo que
se observa en los pacientes y su relación con el objeto creado,
podemos decir que:
1)
La naturaleza del objeto, permite al niño/paciente conocer dicho objeto.
2) Conocer el objeto, permite al niño/paciente
reconocer el “no-yo”.
3)
La ubicación del objeto permite, al niño/paciente descubrir: el afuera, el
adentro,
y el límite
4)
La capacidad del niño/paciente para crear,
imaginar, producir, originar
un
objeto.
5)
La paciente para la iniciación de un tipo afectuoso de relación de
objeto.
Paciente conocer, paciente reconocer el no yo, paciente
descubrir, paciente para crear, paciente para la iniciación de un tipo
afectuoso de relación de objeto.
Las
consignas que se van proponiendo en el proceso arteterapéutico, son formas de
facilitar la experimentación.
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